domingo, 22 de marzo de 2020

COMENTARIO CRÍTICO: LECCIONES QUE APRENDEMOS CON Y POR EL CORONAVIRUS


Os dejo aquí una nueva propuesta de comentario crítico a propósito de esta cuestión sobre la que os invito a reflexionar:

¿Qué lecciones fundamentales crees que deberíamos extraer como sociedad y como individuos de esta experiencia vital a la que nos obliga el confinamiento en tiempos de pandemia global?


  • Lee primero con detenimiento esta pieza informativa de Pau Rodríguez para eldiario.es


  • Y, después, lee con atención este artículo de Elvira Lindo para EL PAÍS


  • Ahora, es tu turno. Redacta tu propio texto argumentativo exponiendo tu punto de vista crítico sobre la cuestión.

- No olvides emplear al menos tres argumentos diferentes y de distinta naturaleza (ejemplo concreto contrastable, razonamiento lógico, datos objetivos, criterio de autoridad…). Ten presente que debes desarrollar cada uno de ellos en un párrafo propio.

- Recuerda que antes de empezar a escribir, has de

  1. buscar información precisa en diversas fuentes,
  2. organizar bien tus ideas,
  3. formular tu propia tesis de modo claro y conciso y
  4. establecer tu guion de trabajo observando la siguiente estructura: 
                       introducción- cuerpo argumentativo y conclusión.




Familias numerosas hacinadas en habitaciones y pisos pequeños: "El confinamiento puede ser un infierno"
Kenia, su marido y sus hijos viven en una sola habitación tras quedarse sin casa; son una de las miles de familias que se aíslan del coronavirus en hogares sobreocupados
22/03/2020 - 09:32h 
 
Bloque de pisos del barrio de Bellvitge (l'Hospitalet) Yearofthedragon (Wikimedia Commons)

Los cuatro hijos de Kenia Rodríguez llevan tres días sin apenas salir de una sola habitación, la que les ha ofrecido una amiga en una ciudad metropolitana de Barcelona tras tener que abandonar el lunes el piso que ocupaban. Solo el marido, que es chapista, se ausenta durante el día para ir a trabajar. "Esto del confinamiento puede ser un infierno. Los niños duermen mucho porque no tienen nada más que hacer. Solo el mayor tiene móvil, y hay una tele pequeña con la que vemos 'La que se avecina', pero se aburren muy rápido", cuenta esta mujer desde una estancia repleta de camas una al lado de la otra.
Desde que Pedro Sánchez anunció el estado de alarma y ordenó a la ciudadanía no salir a la calle salvo excepciones, han sido incontables los mensajes que han circulado en redes sociales y televisiones por parte de futbolistas y famosos que animan a la población a quedarse en casa... desde sus hogares con jardines y gimnasios.
Pero la realidad de miles de ciudadanos es menos cómoda, en algunos casos incluso con familias numerosas hacinadas en pisos pequeños, con mala ventilación o sin luz natural, obligadas a compartir un diminuto espacio durante horas y horas. Solo en España hay 23.500 hogares en los que no hay ni 10 m2 por habitante (13.600 de parejas con hijos y 9.000 de familias que comparten), según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). 
La situación de Kenia, parecida a un realquiler de habitación pero sin que su amiga les cobre por ello, es de una evidente sobreocupación. Su principal sufrimiento es que el confinamiento se alargue, una situación que asegura que para los suyos será insostenible si nadie les ofrece una alternativa. "Salimos poco de la habitación para no buscarle problemas a mi amiga con el dueño, y solo el mayor va a comprar al supermercado. Si al menos pudiesen salir al parque a jugar, con los amigos del colegio, ya sería otra cosa. Pero si no es un horror", explica. 

Más de 4.000 realquileres en Barcelona
Desde Càritas Diocesana de Barcelona atendieron en 2017 un total de 4.554 personas en situación de realquiler. En 769 casos había menores de edad. "Son una bomba de relojería", advierte Ferran Moreno, técnico del programa de vivienda y sin hogar de la entidad. Si las condiciones de infravivienda ya suelen pasar factura a la salud mental de mayores y niños, es obvio que su vulnerabilidad va a aumentar, razona. Además, recuerda que son ellos los que más se benefician de de unos equipamientos públicos como colegios, bibliotecas o parques que hoy están cerrados. "Incluso se quedan sin locutorios para internet y hablar con la familia", remata. 
El Gobierno y las distintas administraciones han anunciado una batería de medidas en materia de vivienda que van desde una moratoria del pago de hipotecasla prohibición de cortes de suministros –en el caso de familias en riesgo de pobreza– a soluciones de urgencia para las personas sin hogar que hoy no tienen donde refugiarse del virus. Para otros colectivos de riesgo, como las víctimas de violencia de género o los usuarios de albergues de emergencia, en Barcelona han encontrado la solución de abrir unos 200 pisos turísticos vacíos.
Pero no parece haber alternativa para las miles de viviendas sobreocupadas que hay en España, y que suponían en 2017 alrededor del 5% del total, según datos de la Encuesta Europea de Ingresos y Condiciones de Vida analizados en un informe del Observatorio Social de La Caixa. Y no solo eso: de entre todos los hogares con dos progenitores y un hijo o más, se considera que el 4% tiene escasez de luz y el 15%, exceso de ruido producido por los vecinos o el exterior. "Se trata de situaciones que ya de partida son perjudiciales para la salud de los habitantes, y que ahora se agravarán, porque están obligados a estar más tiempo en hogares con humedad, sin ventilación, con poco espacio", resume Moreno.
Limpiar sobre limpio para no aburrirse
Con todo, no hace falta que la situación sea extrema para que los vídeos de los famosos en sus casas resulten cuando menos ofensivos a ojos de algunas familias. Así lo ve Karla Chaves, vecina de origen hondureño de Ciutat Meridiana, uno de los barrios con la renta media más baja de Barcelona. "Sergio Ramos te dice que te quedes en casa con su gimnasio y su jardín, ¿pero nosotros que vamos a hacer en un piso de 45 m2?". Por nosotros se refiere a ella, tres hijos y una nieta de un año. "Voy del salón a la cama, de la cama a la cocina y de la cocina a la habitación de mi hija. Es un agobio. Me digo que tengo que ser fuerte y me pongo a limpiar la cocina a fondo por no aburrirme, ¡pero estoy limpiando sobre limpio!", relata.
No fue hasta el lunes, explica, cuando se dio cuenta de la seriedad de las medidas de aislamiento. "Fue al llegar al Lidl y ver el panorama. Me pilló un bajón. Pensé: '¿Qué voy a hacer con los niños?'", explica esta madre soltera, que se encuentra estos días de baja laboral –es cuidadora en una residencia– por un dolor de espalda. Su mayor preocupación ahora mismo no es perder su empleo, sino que las restricciones del estado de alarma duren más de los quince días anunciados. 
Este jueves, tras volver del supermercado con un paquete de pañales para su nieto, contaba por teléfono: "¿Qué va a pasar si se alarga semanas? No quiero que los niños salgan y no tengo ni balcón. Estoy asomando al pequeño por la ventana con un taburete para que le dé el aire. Me estoy empezando a preocupar", insistía. 
El entusiasmo con el que cogía la Nintendo el pequeño, de ocho años, es ahora indiferencia. "No es lo mismo jugar todo el día que solo un rato después del colegio", dice su madre. Mientras tanto, las hijas mayores racionan incluso los deberes para no acabar demasiado rápido las tareas asignadas por sus profesores.
"El gobierno ha dado un mensaje de que nadie se va a quedar atrás, pero sí que va a haber gente", lamenta la portavoz de la PAH en Barcelona, Lucía Delgado. Y si hay una población que sufre exclusión residencial muy por encima de lo habitual, estos son los inmigrantes. De acuerdo con los datos de los usuarios de Cáritas en la capital catalana, de las 12.165 familias que atienden, el 25% vive de realquiler y el 7%, con otros familiares. Si se observa solo entre las familias de origen extracomunitario, el porcentaje se dispara al 80% y 57%, respectivamente.






Coronavirus en tiempos del ego
Vivir en esta inédita situación nos tendría que cambiar a los que nos encontramos en mejor situación

Se diría que la maldición del coronavirus ha desatado, aún no sé dilucidar si como efecto adverso, otra epidemia, la de la creatividad, y el espacio virtual se ha plagado de figuras públicas asomándose a diario a nuestras pantallas para enseñarnos su vidilla casera: lo que cocinan, el sillón de lectura, la mantita con la que se arropan para ver las noticias. Al váter, a pesar de la creciente popularidad del papel higiénico, aún no hemos llegado. Como niños en una descontrolada función escolar nos asomamos a las redes cantando Aleluya, aunque no seamos Rufus Wainwright, o leyendo poemas con soniquete porque, a ver, no somos Laurence Olivier ni Nuria Espert; bailamos animando a nuestros seguidores a que bailen con nosotros, creyendo, ay, inocentes, que alguien tras la pantalla nos sigue; leemos parte de nuestra obra como si alguien nos lo hubiera pedido, leemos, sí, destrozando a menudo los textos porque nadie nos enseñó a leer bien; damos consejos de autoayuda, o sea, de esos que solo ayudan al que los da; sacamos la esterilla de debajo de la cama, y hemos de limpiarle las bolas de polvo acumulado, nos da la tos seca entonces, y nos ponemos el termómetro para comprobar que por esta vez no; luego hacemos delante de la pantalla un saludo al sol, uno y basta, ¡al sofá!, y como ya no podemos fardar de cada restaurante al que vamos, hacemos un set en la cocina como si nos hubiéramos tragado un Mikeliturriaga y estuviéramos poseídos por su mismo gracejo, aunque nuestra receta de tostada con aguacate no tenga mucho desarrollo. Hay músicos, buenos, regulares y peores, que salen a las terrazas a consolar al mundo, no se sabe por qué. Hay tíos que salen levantando mancuernas y modelos esqueléticas comiendo como cerdas. Hay madres jugando con unos niños tan guapos que parecen de atrezzo. Hay tíos que dan mítines y se quedan tan panchos. Hay individuos haciendo el pino ahora mismo que se van a partir el cuello en su propio domicilio e individuas que se retuercen como contorsionistas. La vida se nos ha llenado de actividades extraescolares, aunque solo duran lo que dura la puesta en pantalla. Luego hay que pensar en el siguiente vídeo.
Menos mal que solo tienen la obligación de secundar esta pesadilla de hiperactividad cultural, deportiva y recreativa aquellos que tienen el suficiente nivel económico como para mostrar un salón luminoso y acogedor, con una tele inteligente que contiene todas las plataformas posibles para consumir las series que luego recomiendan; menos mal que solo les toca a ellos, a los que pueden enseñar una cocina con un ventanal que da a un patio y una encimera con un instrumental que hasta la presente jamás habían utilizado; menos mal que pueden enviarnos mensajes desde su jardín, desde ese ático en el que se contempla, ¿lo veis?, una ciudad desierta por la que ahora pasea un jabalí.
Podríamos pensar en la cara B de esta historia, esa realidad menos favorecedora y menos privilegiada: la de los pisos diminutos con luz escasa en los que es casi imposible sobrellevar el encierro, con seres humanos apiñados en unos casos y habitantes solitarios en otros, ciudadanos ahora mismo desasistidos, necesitados de ayuda para comprar, para asearse o para cocinarse algo decente, esos pisos donde pasan el día niños abocados a comer pizza en vez de una de esas comidas sanas de las que tanto alardeamos cuando colgamos un vídeo en Instagram.
Vivir en esta inédita situación nos tendría que cambiar a los que nos encontramos en mejor situación. Aquellos que gozamos de un encierro más privilegiado podríamos dedicar, por qué no, algo de nuestro pensamiento a los que poco tienen y están callados por enfermedad o pobreza. La creatividad que hay que activar debería ir destinada a paliar el desastre. Y si de verdad quieres ofrecer algo bueno de tu arte: quédate un tiempo encerrado en tu cuarto. Y a la vuelta de este tortuoso camino, enséñanos algo hermoso.


  • También te puede resultar interesante ver completo el programa de La Sexta Lo de Évole, emitido el 22 de marzo 
 https://www.lasexta.com/programas/lo-de-evole/mejores-momentos/
  • Y de modo particular échale un ojo a este fragmento, en el que los filósofos Daniel Innerarity y Marina Garcés reflexionan sobre el futuro de nuestra sociedad
 


Pues aquí, ya podéis leer dos excelentes propuestas de comentario crítico realizadas por dos compañeras que generosamente han accedido a su publicación.



LECCIONES QUE APRENDEMOS 
CON Y POR EL CORONAVIRUS

Por Loaira Miguéns, de 2º Bachillerato A.

El 1 de diciembre de 2019 en la ciudad china de Wuhan, se identificó por primera vez el coronavirus, que más adelante pasaría a denominarse COVID-19. Esas navidades, mientras las primeras muertes se producían en Oriente, gran parte del mundo permaneció ajeno, y brindando con  champán, restándosele importancia al asunto. Pero el tiempo pasó, y la globalización facilitó que el virus se expandiese por la geografía terrestre a una velocidad vertiginosa. Finalmente, el 11 de marzo de 2020, la OMS lo reconoció como una pandemia mundial. Al día siguiente, las clases se cancelarían en  Comunidades Autónomas como Galicia, y el sábado de esa misma semana, entró en vigor el estado de alerta en España, quedando la población confinada en sus viviendas hasta nuevo aviso. La situación actual pone en evidencia la vulnerabilidad que presentan los estados contemporáneos ante posibles ataques biológicos y por la cual, pese a las evidentes desigualdades existentes en España, tal y como se refleja en los artículos de Pau Rodríguez y Elvira Lindo, la única solución viable y a la que debemos atenernos es el confinamiento, aún con las consecuencias económicas que pueda acarrear. 

Es evidente que no todas las españolas y españoles disponemos de los mismos recursos para hacerle frente a la cuarentena. Mientras que algunos poseen amplios domicilios, otros viven apilados en habitáculos que rozan la definición de infravivienda. Además, en condiciones aún más deplorables se encuentran los sintecho y los internos de residencias de ancianos e instituciones psiquiátricas; puesto que los primeros se hallan totalmente a expensas de los medios que pueda disponer el gobierno para su aislamiento, y estos últimos se enfrentan tanto a las carencias de personal y como a la falta de atención sanitaria. 

Sin embargo, las desigualdades van más allá, siendo uno de los problemas más graves el económico. Durante el confinamiento los ingresos de numerosas familias se reducirán o incluso serán nulos, puesto que no todos los empleos se pueden llevar a cabo a través del teletrabajo (sectores como la limpieza, la construcción, etc.). De hecho, las autoridades políticas, económicas y médicas aseguran que lo peor está por venir y vaticinan que esto ya ha empezado a desencadenar una crisis de mayores proporciones que la del 2008 y cuyos efectos comenzaremos a sufrir con rigor cuando esta pesadilla llegue a su fin. 

En otro orden de cosas, ninguna de las situaciones anteriores es comparable con la irresponsabilidad que acometieron, por ejemplo, miles de madrileños al huir en estampida a sus segundas residencias, expandiendo el virus por la Península. Por otra parte, los supuestos “grupos de riesgo” tampoco parecieron soportar la cuarentena pues muchos de ellos, incluso en ocasiones ancianas y ancianos que odian salir de casa y casi es necesario forzarlos a hacerlo, decidieron que era el momento ideal para salir a pasear. Y mejor no mencionar a los “paseadores de perros de peluche” ni a quienes alquilan mascotas para burlar el encierro.  

Como consecuencia de actos como los ya mencionados y otros muchos que en los últimos días ocupan las páginas de los periódicos, la nefasta “curva” asciende vertiginosamente y sin detenerse, demostrando que por ahora el pico de la pandemia se adivina todavía como una abstracción muy alejada de la realidad. Mientras tanto, los cadáveres que el COVID-19 provoca se acumulan, desde ayer, en el Palacio de Hielo de Madrid. Y ya se suman por miles las personas que pasaron las últimas horas de vida en soledad, sin poder despedirse de sus seres queridos. 

Dadas las circunstancias, y pese a que es innegable que para algunas y algunos las condiciones en las que se desenvuelven en este confinamiento general son más favorables, no debemos olvidar lo más importante, poner fin a esta pandemia. Y si el encierro es la única solución viable, bien si puede ser más o menos duro, es nuestra obligación como ciudadanas y ciudadanos llevarlo a cabo. Por último, si bien es cierto que situaciones como la actual reflejan la vulnerabilidad del sistema para hacerles frente, también demuestran la vital importancia de servicios como los sanitarios. Por ello, cuando esto llegue a su fin, convendría recordar que las carencias a las que se están enfrentando se deben, en parte, a la falta de fondos económicos destinados a la investigación y la ciencia, y que en un futuro quizás sería preciso que los presupuestos se centrasen más en estas ramas y menos en fiestas y fútbol. 







LECCIONES QUE APRENDEMOS 
CON Y POR EL CORONAVIRUS 

    La situación global actual está siendo dominada por el coronavirus. Un virus devastador que ha obligado a España a proclamar el estado de alarma, medida que conlleva el confinamiento. Se puede decir que el virus no ha traído más que problemas, sin embargo, de todo se aprende. Además de los  recordatorios de la importancia de lavarse las manos, estornudar y toser en el codo...  nos aporta valiosas lecciones de vida como sociedad y como individuos, que nos harán valorar más nuestro día a día cuando volvamos a la normalidad.

    Durante estos días las redes sociales han estado más activas que nunca. Los famosos e influencers nos recuerdan constantemente la importancia de no salir a la calle. Parece adictivo ver cómo pasan esta cuarentena en sus maravillosas casas, llenas de creatividad y actividades para ocupar este tiempo muerto. Incluso parece fácil y divertido quedarse en casa, trabajando, ordenando, relajándonos, haciendo ejercicio, cocinando recetas saludables… si no fuera porque representa la realidad de unos pocos. Para los más vulnerables, esto supone un infierno. Pisos diminutos con luz escasa en los que es casi imposible sobrellevar el encierro, con seres humanos apiñados en unos casos y habitantes solitarios en otros, ciudadanos desasistidos, necesitados de ayuda para comprar, para asearse o para cocinarse algo decente…

    Que se lo digan a Kenia Rodríguez, una mujer con cuatro hijos cuya situación deja mucho que desear. Su marido, sus hijos y ella se hallan confinados en una habitación “prestada”, repleta de camas una al lado de la otra. Asegura que el alargamiento del confinamiento para los suyos será insostenible. Solo en España hay 23.500 hogares en los que no hay ni 10 m2 por habitante, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Si las condiciones de infravivienda ya suelen pasar factura a la salud mental de mayores y niños, su vulnerabilidad va a aumentar. Esta situación de confinamiento nos afecta a todos, pero sin duda quien más la sufren son los más necesitados. Por ello, nos enseña que a pesar de que todos tenemos problemas, debemos ser menos egoístas, ya que hay miles de personas en España (y millones en el mundo), cuya realidad presenta grandes dificultades, y darían lo que fuera por llevar nuestras vidas.

    El virus COVID-19 también ha atacado una de las cualidades intrínsecas del ser humano: la sociabilidad. El aislamiento forzado nos obliga a replantearnos la importancia de la interacción social. Cuando las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realizan en el espacio virtual, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera proximidad: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. Las ciencias médicas han demostrando que la interacción social es un componente críticamente importante para la salud. El aislamiento social está a la par con la presión alta de la sangre, la falta de ejercicio o el fumar como un factor de riesgo para enfermedades y para una muerte temprana. Nunca nada nos había hecho valorar tanto un beso, una caricia, un abrazo, como lo hace ahora el coronavirus. 

    Por otra parte, estamos rodeados de señales que nos indican que el ritmo de nuestra vida está aumentando. En una sociedad basada en la productividad y el consumo, de repente se nos impone un parón forzado. La nueva lección que nos deja el virus es el beneficio de frenar y pensar. Además, este parón tiene beneficios visibles para el medio ambiente. La NASA y la Agencia Espacial Europea publicaron imágenes satelitales que muestran una caída dramática entre enero y febrero de los niveles de NO2 en el aire de China. Se ha producido una caída de al menos un 25% en sus emisiones de CO2. La reducción del 60% del tráfico en Madrid y Barcelona ha provocado el desplome de sus niveles de contaminación.

    La ralentización de la actividad económica traerá una reducción de emisiones. Entonces, es posible abordar la emergencia climática con la rapidez y contundencia que requiere. La sociedad está demostrando que ante situaciones de emergencia responde con responsabilidad, madurez y solidaridad. El periodo de confinamiento puede llevarnos a la conclusión de que es necesario repensar el modelo de vida actual. 

    Estamos de acuerdo en la gravedad que supone el coronavirus. Sin embargo, resulta imposible no aprender de la situación. Nos muestra grandes aspectos a mejorar que quizás no teníamos tan presentes en la anterior etapa de individualismo, egoísmo e hiperactividad (porque sí, el virus marcará una etapa diferente). Confío en que esta pandemia global nos aporte un poco más de humanidad y solidaridad.





lunes, 9 de marzo de 2020

8 DE MARZO. COMENTARIO CRÍTICO


Acaba de celebrarse el Día internacional de la mujer el pasado domingo 8 de marzo. En España, el gobierno ha hecho coincidir con la semana de esta jornada reivindicativa la presentación de su anteproyecto de Ley de Libertad Sexual. Esto ha alimentado el debate social y político a propósito de la situación real de las mujeres en España, de su lucha por conseguir la equiparación con los hombres, de cuál debe ser el papel de los hombres en esta reivindicación de la igualdad e, incluso, del propio concepto de feminismo.
¿Cuál es tu posición respecto a estas cuestiones? Redacta un comentario crítico en el que sitúes la cuestión de fondo, formules tu propia tesis y la justifiques con tres argumentos distintos y, a ser posible, de naturaleza diferente. Los siguientes textos argumentativos podrán servirte para encauzar el tuyo.

TEXTO 1
El comodín del machismo
No sé a quién llamó machista el vicepresidente Pablo Iglesias, porque dice que no se lo llamó al ministro de Justicia, pero sí se lo llamó a los que hicieron retoques a la Ley de Libertad Sexual; retoques en los que hay algunos ministerios implicados, y entre ellos algunos comandados por mujeres con trayectoria feminista contrastada. Porque no va a querer decir Pablo Iglesias que las mujeres socialistas no son feministas o que siguen de manera disciplinada las órdenes de los hombres del Gobierno.
No sé si cuando habló de machismo el vicepresidente pensaba en las periodistas que, al menos, en esta casa sacaron la información sobre las deficiencias de la ley del Ministerio de Igualdad. O quizás llamó machistas a los directores de los medios que ya se sabe que con su machismo nos tienen a las mujeres sometidas y nosotras no sabemos más que obedecer.
No quedó muy claro el destinatario de su comentario pero si quedó claro que la crítica a la ley de la ministra Montero solo tenía una explicación, el machismo.
Pues bien. Esto no va ni de feminismo ni de machismo. Esto va de que las mujeres podamos defendernos con una ley impecable porque en ella va la supervivencia de muchas de nosotras. Por eso hay reclamar que esta, y cualquier ley que salga del Gobierno para garantizar los derechos de los ciudadanos, sea la mejor.
Los miembros más inexpertos del gobierno tienen que aprender a aceptar la crítica, y dejar de sacar el comodín del machismo cuando algunas de sus actuaciones se cuestionan. No va ni de machismo ni de competición sobre quien es más feminista, va de su responsabilidad para hacer bien su trabajo y por nuestra parte va de nuestra responsabilidad para hacer bien nuestro trabajo. Y en este caso nuestro trabajo era contarles que la Ley de Libertad Sexual elaborada por el ministerio de Irene Montero recibió objeciones y precisó de retoques de otros ministerios. Y esto es información, no es machismo.
Àngels Barceló, Hoy por hoy de la Cadena SER, 5 de marzo de 2020.


TEXTO 2
Un pésimo 8-M
Ya podemos celebrar un 8-M todos los meses que como no cambiemos de actitud estamos perdiendo el tiempo. Ya podemos hacer un 8-M todas las semanas que como no varíen su comportamiento nuestros referentes políticos y sociales estamos abocados al fracaso. Los discursos machistas siguen tan vigentes, incluso en el Parlamento, como en los años sesenta. Con el agravante de que ahora cuentan con un mayor número de altavoces para su propagación.
La batalla por la igualdad está en horas bajas, por no decir en su peor momento. Hoy, con absoluto descaro, desde las mismas instituciones y los que fueron elegidos en las urnas, se niega la violencia machista, los asesinatos, la brecha salarial, que supera el 25 %, y la precariedad laboral pese a que la mujer ocupa tres de cada cuatro empleos a tiempo parcial. Se cuestiona el discurso por la igualdad y frustrados cantantes reconvertidos en presentadores de televisión se permiten defender los acosos del tenor que ni él mismo defiende.
Pero los negacionistas están de enhorabuena. El asunto creó tensión en el propio Gobierno más feminista de todos los tiempos, a decir de su presidente. Carmen Calvo e Irene Montero andan a trompazos por demostrar quien es más feminista, a propósito de la ley de libertad sexual, que según los expertos es una absoluta chapuza.
Con Vox tirado al monte, como siempre, y con el feminismo histórico soliviantado, resulta fácil entender la postura del PP, que lidera Álvarez de Toledo. La marquesa hooligan y «feminista amazónica», como gusta de definirse, asegura que «no hay una ideología machista que decida someter a las mujeres por el hecho de ser mujeres. Es falso y especialmente falso en el caso de España», porque «hay una evolución desde la época de Marisol». Y se quedó tan tranquila.
Dejamos de hablar de igualdad, respeto, derechos y libertad de la mujer para cuestionarnos si sufre discriminación. Estamos como hace un siglo. Ni haciendo un 8-M todos los días lograremos avanzar. Mientras no nos saquemos a todos estos zotes de delante seremos incapaces de avanzar un paso sobre un problema que a gran parte de los españoles nos abochorna.
Ernesto S. Pombo, La Voz de Galicia, 8 de marzo de 2020.


TEXTO 3
¡Hijas, a las barricadas!
"Es probable que ninguna chica que haya vivido en el seno de una familia en la que se crea que la subordinación de la mujer forma parte del orden natural llegue a sobreponerse del todo de la amargura de sus sentimientos más precoces"
Vera Brittain (Oxford, 1915)
Desde hace unos años, cada vez que me visto un día como hoy de negro y morado, lo hago con toda la intención reivindicativa, pero también con el corazón lleno de amor a mi madre. Quizá sea la forma más singular de guardar luto por ella y sé que le encantaría.
Mi madre, que nació en 1940 y vivió la vida de una mujer de clase media de su tiempo, que siendo muy inteligente no estudió, porque ese esfuerzo se reservaba para los hermanos, que cosía y bordaba y cocinaba como una diosa, siendo una Atenea que se tuvo que resignar a ser Hera, y fue una esposa y una madre ejemplar, no descubrió que era feminista hasta sus años finales o, al menos, no nominó esa sensación de injusticia, esa inquietud y hasta esa rabia que había sentido toda su vida hasta casi el final de sus días. Cuando camino en una manifestación con tantas de su generación, que acuden solas o con sus hijas y sus nietas, me embarga la emoción y la seguridad de que si ahora estuviera aquí, se vendría de mi brazo con unas gafas moradas y una consigna que gritar.
Ella tenía la suya propia. Un grito cómplice que nos lanzaba cada vez que acudíamos a su regazo a desgranar un agravio, un micromachismo, una carga suplementaria de trabajos producida exclusivamente por el hecho de ser mujer. Ella siempre te recogía la rabia, te secaba las lágrimas y te decía: "Hija, ¡nosotras, a las barricadas!"
Mi madre no tuvo quizá la oportunidad de hacerlo de otra manera, en esos tiempos, con esa educación, en ese entorno social y en una ciudad de provincias; pero me consta, porque me lo dijo, que le hubiera gustado hacerlo. Lo que no era, desde luego, era ciega. A mí cada vez que se convierte en debate partidista, en duelo de ideologías o en ordalía de insultos el feminismo siempre me pasma mucho el papel de la ceguera. Las ciegas. Esas son las que más me alucinan. Las ciegas y las ciegas voluntarias, que no son sino cínicas.
Yo no quiero entrar hoy con el bisturí que marca y secciona los feminismos, las formas de vivirlos, los que son más auténticos y genuinos y los que son más acomodados. Hoy vengo a pasmarme de las ciegas, de las que no quieren las gafas lilas, pero porque prefieren taparse los ojos. Porque lo primero es ser consciente de la existencia del problema, aunque después uno decida no implicarse mucho en su solución, hacerlo de forma conservadora, implicarse de forma política, ejercer como activista o volverse un revolucionario y lanzarse a las barricadas. En todas las grandes cuestiones relativas al ser humano se producen esas distintas respuestas, ¿cómo no iba a suceder en el caso de la desigualdad arrastrada por las mujeres? Sucede con el calentamiento climático, con la desigualdad social y la pobreza y con el hambre en el mundo. Y luego están los negacionistas, que son los que no ven o no quieren ver y son o ciegos o cínicos. ¿Cómo no iba a suceder con los derechos de las mujeres? Mucho menos ahora que el movimiento ha tomado la proporción de un tsunami. Toda reforma trae aparejada su contrarreforma y, como proclama la tercera ley de Newton: "Actioni contrariam semper æqualem esse reactionem".
Las ciegas. Esas que afirman que las mujeres y los hombres ya son iguales. Esas que se tapan los ojos o mienten o no tienen el más mínimo conocimiento de lo que pasa en el mundo. Lo que es seguro es que mienten. No existe una mujer en este planeta que no haya sido objeto de una discriminación, un acoso para obtener de ella lo que no quería dar, un micromachismo, una situación desagradable, una agresión o un intento de ella, una sobrecarga de trabajo, un doble trabajo doméstico, un ascenso perdido, un sacrificio añadido o miles de otras circunstancias sin siquiera tener que nombrar las violaciones, los asesinatos o las violencias físicas o psíquicas. Simplemente no existe esa mujer. Ni en este país, ni en los demás. Porque no hay mujer inteligente que no se haya planteado, al menos una vez, cómo podía haber sido su vida si hubiera nacido hombre.
¡Hijas, a las barricadas! No es la voz de mi madre, es la voz de la razón.
Millones de mujeres de este país han conseguido mejorar su vida y sus estándares de igualdad gracias, sobre todo, a la pelea incesante de las que fueron a las barricadas de verdad. Lo cierto, y sobre esto deberían reflexionar las ciegas, es que no existe ninguna mujer con poder real que no sea consciente de la existencia de esa tremenda desigualdad. Da igual de qué ideología sea. Desde las que han sido presidentas del Congreso o vicepresidentas del Gobierno a las magistradas del Tribunal Supremo o las banqueras. Todas saben que, en realidad, su vida ha sido marcada por el hecho de ser mujeres. Todas son conscientes de que como varones lo hubieran tenido de otra forma. Todas miran a su alrededor y siguen detectando la injusticia. Obviamente no todas tienen las mismas posiciones sobre cómo resolverlo pero, desde luego, no están ciegas.
También quiero hablar de las cínicas. De las que saben, al menos teóricamente, que eso sucede, pero deciden que no les importa un bledo porque a ellas les va ya muy bien. De las que olvidan que el feminismo no va solo de mirar cómo va tu fiesta, sino de ser consciente de que millones de mujeres sufren de forma inaceptable y contraria a los derechos humanos básicos las consecuencias de esa discriminación. Y por encima de todas, las que utilizan el cinismo para conseguir objetivos políticos o personales. Esas son las colaboracionistas.
Las hermanas ciegas y las hermanas cínicas y... hasta la hermana Cayetana. Ella que olvida que en su mundo, en ese en el que las mujeres disfrutaron muchas veces de una libertad inusitada porque el dinero y la aristocracia no comparten ni siquiera la misma moral con el común de los mortales, no llegó la igualdad hasta que un socialista hizo por ley que las mujeres pudieran heredar los títulos nobiliarios, y eso sucedió en 2006.
El feminismo es una lucha política para exigir el derecho inalienable a la igualdad de la mujer en el mundo. El feminismo es también ese sentimiento interno de rabia y de impotencia que todas, pero todas, hemos sentido en un momento dado. Haber alcanzado una posición en la vida que te haya permitido hacer que esos momentos sean cada vez menores no te exime de dar la cara ni de ser consciente de que millones están en peores condiciones que tú. Lo contrario es una ignominia.
Por eso, hermanas, cada día es un buen día para seguir peleando, como mi madre hubiera deseado hacer, también por las ciegas y hasta por las cínicas.
¡Feliz ocho de marzo en las barricadas!
Elisa Beni, eldiario.es, 8 de marzo de 2020.



TEXTO 4
El 8-M, en disputa
La futura ley de libertad sexual necesita, como todas, pulcritud jurídica
En el tercer 8 de marzo desde la aparición de la campaña #MeToo en octubre de 2017, la llamada cuarta ola del movimiento feminista comienza a recoger los frutos de una movilización de alcance planetario que ha marcado un antes y un después en la lucha por los derechos de las mujeres. El salto cualitativo experimentado en sus reivindicaciones no solo se refleja en la voluntad expresa de acabar con la cultura de tolerancia y encubrimiento del abuso sexual, una cultura vinculada al abuso de poder, sino sobre todo en la asunción expresa por parte de instituciones, empresas y organismos públicos de su histórica connivencia con desigualdades estructurales que, hoy en día, se perciben como intolerables gracias a las permanentes denuncias de las mujeres, cuyo impulso y empuje han logrado la aprobación de medidas destinadas a combatir las muchas brechas que todavía perviven en nuestra sociedad. El feminismo goza de una buena salud en España porque ha sido capaz de mantener un importante músculo organizativo y reivindicativo en un contexto de auge de discursos reaccionarios que tanto aquí como a nivel global están cuestionando las transformaciones en las actitudes y en las instituciones que el movimiento ha logrado en los últimos 30 años.
A la luz de la actual energía del movimiento feminista, resulta preocupante que la tramitación de la principal iniciativa legislativa impulsada desde el feminismo, la futura Ley Orgánica de Garantía del Derecho a la Libertad Sexual, haya sido objeto de un enfrentamiento en el seno del Gobierno de coalición. Confundir alegaciones técnicas con “ataques machistas” formulados por parte de uno de los miembros del Gobierno, como sugirió el vicepresidente Pablo Iglesias, demuestra poco conocimiento del proceso legislativo. Dichas objeciones a la ley no pueden despacharse con simpleza y por meras razones de capitalización partidista, especialmente en lo relativo a los delitos contra la libertad sexual, donde, por el específico ámbito de su competencia, el Ministerio de Justicia debería tener mucho que decir. Una iniciativa legislativa de tanto calado, y cuya principal virtud se encuadra, a priori, en la asunción de un enfoque integral relativo a las llamadas “violencias sexuales”, necesita, primero, pulcritud jurídica y, después, un amplio debate en sede parlamentaria.
Tanto el anteproyecto de la ley de libertad sexual que la ministra Irene Montero quiere impulsar, como el que se ha comprometido a presentar sobre discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género, afectan al núcleo mismo del enfoque feminista, pues introducen un cambio sustancial: dejan de considerar a la mujer como el sujeto central de sus políticas públicas. Fueron estas políticas, precisamente, las que situaron a las mujeres como el eje vertebrador de la corriente de igualdad, aquellas que permitieron colocar a España en la vanguardia internacional de la lucha contra la discriminación de género.
El proyecto feminista no puede consistir en la protección de un “género sentido”, no contrastable biológicamente, como pretende introducir el texto legislativo, porque resultaría incompatible con una agenda política centrada en la protección de las mujeres ante la discriminación que sufren por el mero hecho de serlo, esto es, en función de su sexo y no por su identificación ideológica con la idea de feminidad. El derecho a la identidad sexual es una reivindicación legítima del movimiento LGTBI, sin duda, y debe seguir sus propios cauces de expresión y procedimientos legislativos, pero no debería alterar el enfoque central de las políticas feministas, basadas en la idea de que el género, es decir, el conjunto de atributos diferenciados que se asignan a hombres y mujeres, es una construcción social que, todavía hoy, discrimina activamente a más de la mitad de la población de nuestro país.
EL PAÍS, editorial del 8 de marzo de 2020.



TEXTO 5
El feminismo somos todas
Parece ser que el feminismo sigue siendo trending topic. Y yo que me alegro.
Acumulo 60 largas e intensas primaveras a mis espaldas. Una vida llena de viajes, historias, luchas y transformaciones que han hecho de mí la mujer que soy hoy. Créanme cuando les digo que he visto de todo. Pero hay algo insólito en esta época de cambios y que no esperaba tener el privilegio de presenciar: que el feminismo sea hoy un movimiento popular.
Todavía se me eriza la piel cuando recuerdo los cánticos de las compañeras vascas en aquella abarrotada plaza de Bilbao el 8 de marzo de 2018. Un presagio que anunciaba lo que estaba por venir.
Aquella jornada fue un antes y un después en la lucha de las mujeres en España. Una lucha que no empezó hace años, sino décadas, pero que jamás había penetrado con tanta fuerza en el tejido social. No hace falta rebuscar muy atrás en los archivos de los periódicos para encontrar fotos de ochos de marzo igual de reivindicativos, pero mucho menos multitudinarios.
Con todo, hay algo que echo de menos de aquellos días. Una suerte de espíritu de sororidad que nos comprometía y nos hermanaba en la disidencia. Éramos menos, pero más unidas. Incluso cuando llovía y estábamos caladas hasta los huesos.
Supongo que forma parte de un proceso natural: cuanto más grande y exitoso es un movimiento social, más se exponen sus grietas y contradicciones. La que me inquieta hoy por hoy tiene que ver con la propia concepción de la lucha. Con la pregunta fundamental.
"¿Qué es el feminismo?" o, más bien, "¿quién es el feminismo?"
Circula por ahí una idea de la mujer –en singular– que confronta con el espíritu del 8 de marzo. Un pensamiento excluyente que se cree con la licencia de expedir 'carnets de feminista' o, incluso, 'carnets de mujer'. Una postura que me hace recordar con preocupación aquellos tiempos en los que algunas voces no creían que las mujeres pobres estuvieran capacitadas para votar. Un desdén parecido al que sufrieron las lesbianas y las bisexuales no hace muchos años, cuando no eran bienvenidas al movimiento.
En todo caso, no es mi intención malgastar estas líneas en una batalla estéril que desvía nuestro foco y nuestras energías, porque suficiente tenemos con enfrentarnos a un enemigo común que se regocija en nuestras divisiones. Pero sí me gustaría animar a esas personas a que reflexionen sobre el daño que nos hacen cuando no escuchan. Cuando rechazan.
Porque yo tengo clara la respuesta a la pregunta de antes: el feminismo somos todas.
Las agricultoras que subsisten en el campo que se vacía.
Las jóvenes universitarias que bailan contra los violadores en todo el mundo.
Las ejecutivas que renunciaron a su vida familiar para llegar más alto.
Las guapas, las feas, las gordas y las delgadas.
Las diputadas de cualquier signo que reciben 'piropos' que nunca pidieron.
Las que aman de distintas formas y las que no aman a nadie porque no les da la gana.
Las empleadas del hogar y los cuidados a las que hemos dado la espalda.
Las que se suben a una balsa huyendo de la guerra.
Las trans, las negras, las que viven con discapacidad y las demás borradas.
Con todas y por todas. Por las que estamos y las que estarán, y por las que ya no están porque las asesinaron.
Desde Santiago de Chile hasta Verín. Desde Nueva Delhi hasta Berlín.
El feminismo sale a la calle, una vez más, para reclamar lo que es básico: la igualdad real. También batallaremos en nuestros trabajos, en las comidas familiares y en los parlamentos.
Lo haremos para afrontar las violencias machistas, la brecha salarial, el techo de cristal o el reparto de los cuidados. Lo haremos para reclamar nuestro papel protagonista en las grandes transformaciones sociales que nos traerá el siglo XXI.
La gesta se aventura larga y mi generación no vivirá lo suficiente como para ver cumplidas todas nuestras reivindicaciones, así que, permítanme verbalizar lo obvio: o remamos en la misma dirección o naufragamos por el camino. El reencuentro es una cuestión de compromiso con las que nos preceden. Es nuestra responsabilidad histórica.
Lo bueno de hacerse mayor es que una le pide a la vida cada vez menos cosas. Yo me conformo con una bien sencilla: que todos los días sean 8 de marzo y que todos los 8 de marzo sean el día de todas nosotras.
Como diría Angela Davis: "Hay que actuar como si fuera posible transformar radicalmente el mundo. Y tienes que hacerlo todo el tiempo."
Hagámoslo unidas, desde nuestras sanas diferencias y complejas intersecciones, en un feminismo que no deja a nadie atrás.
Nos vemos en la lucha.
Carla Antonelli, eldiario.es, 8 de marzo de 2020.


miércoles, 19 de febrero de 2020

ELROMANTICISMO









                       

   
   

       
           
       

          
            Remando al viento